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miércoles, 26 de noviembre de 2008

El camino del corazón



He viajado a la India sin coste alguno ni cansancio en los pies. He inundado con mi perfume europeo las tierras del Nepal, oh, maravilloso Katmandú. Me he convertido en Kumari para una eternidad de un instante del tiempo. He visto a Shivá y he seguido el camino de los brahmines. El viaje místico de la lectura me ha incitado a soñar más de lo que ya soñaba. A aspirar a más de lo que ya aspiraba, a pensar que la vida es Sueño, y los sueños sueños son. ¿Pero qué es sueño y donde queda la franja que separa a éste del mundo de los dioses de tres ojos, cuatro brazos y piel de ceniza?

En ensoñaciones he intentado no pensar, me he esforzado por no rozar la magia de la Nada y la eterna Perefección en el subconsciente más realista de todos los tiempos. Pero, al final del trayecto he acabado pisando las playas de Bali. En la soledad más absoluta y perfectamente conocida por los mortales más mortíferos y he ahí, la redundancia, no he encontrado Paz. Miro al horizonte de la isla más bella de Indonesia, veo que la franja que separa al cielo del mar es solo una ilusión. En realidad se fusionan y conviven en perfecta armonía, dos almas distintas que no pueden vivir la una sin la otra. Me canso de mirar al Infinito más divino que jamás haya imaginado ver. Me levanto y me adentro en las pequeñas selvas balinesas. No sé qué busco, no sé que encontraré. Pero mi corazón es el que me guia y mi alma es la que da pasos agigantados a un destino incierto, a la vez que emocionante hasta el extremo. ¿A dónde me llevas Fuerza de Todas mis Almas? Llego a otro límite de costa, a otra linda playa de arena blanquecina y dulces aguas turquesa, que se tiñen de un rojo sangre debido al Sol, que cansado de presidir el Día le da paso a la Luna para que reine la Noche. Luna, astro que siempre me persigue y sigo en un círculo vicioso sin fin.

Sin embargo, en esta ocasión, no estoy sola. Una silueta negra se halla sentada en la orilla dejando que la marea roce sus pies. Un impulso hace los míos anden y mi razón se quede en el sitio. El impulso ahora me hace correr y caer de lleno en la arena de destellos de diamante y poder verte la cara. Ahora sí veo a Shivá en el momento en que el Sol y la Luna se vuelven a encontrar, y todo me hace Vivir, Morir y Renacer.

No me importa pasar por todas las estaciones del Alma. Yo sólo sigo el camino del corazón...

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