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domingo, 26 de octubre de 2008

Los mejores momentos aún están por llegar



Dicen que entre los 20 y los 35 se pasan los mejores años de la vida. Es el momento de crecer y convertirnos en adultos hipócritas e infelices. A pesar de eso, sí creo que sea cierto que son los mejores años, es el momento en el que te formas como persona a pesar de los constantes golpes que te vas llevando en el transcurso de los años. Pero también te conviertes en una persona indigna que ha de seguir la senda de los más fuertes para sobrevivir. Eso es hacerse mayor, señores.

Pero yo sólo tengo 21 años, acabo de empezar el camino hacia "los mejores momentos" y los voy a disfrutar señores, vaya que sí, los voy a disfrutar. Sólo se vive una vez, o eso es lo único que se sabe hasta que no descubramos que hay detrás de la muerte, y el tiempo es tan efímero para un ser humano que no es cuestión de ir desperdiciándolo por ahí. Tiempo, tiempo, tiempo, tiempo y deber, deber, deber, deber. Bazofia de palabrería insignificante pero necesaria.

Me aburro, sí, me aburro... de estar aquí sentada sin hacer nada. Tengo ganas de acabar esta etapa y empezar otra y descubrir que hay más allá de lo que puedo alcanzar a ver aquí. Ya sabéis, soy un culo de mal asiento, un alma inquieta pintada con los colores del arco iris. Siendo dewarista siempre, siendo chachi hasta los confines de mi alma.



Y sigo contando los colores... hay tantos. ¿Habéis atravesado alguna vez la escala de los ultravioletas? Es precioso. Ven conmigo a verlos ^^.

Seguid soñando :D

sábado, 25 de octubre de 2008

La poca inspiración me lleva a los poetas



Me propongo a crear un nuevo post sin ni siquiera saber qué escribir. Digo, pues voy a probar y a empezar a darle al teclado a ver si sale algo bonito, pero nada. Supongo que la inspiración escasa que tenía se ha esfumado cuando más la necesito. Maldita... nunca estás cuando quiero que permanezcas conmigo... Eres tan rara como yo. Sí, tú, estúpida inspiración, que solo sales en momentos melancólicos, tristes, agónicos y efímeros. Pero ahora no puedo escribir... mi mente se va sola a soñar despierta y, ¡hala! mejor dejarla ir porque se pone pesada y no hay quien la aguante (sobre los hombros).

Hacía tiempo que no me quedaba hasta tarde con una copa de vino (del muy barato porque la crisis duele en todos los sectores), un cigarrillo y buena música de fondo y.. ¡ah! con el único acompañamiento de mí misma y mis ensoñaciones. Fijaos, mientras escribo esto recuerdo mi escena favorita de Orgullo y Prejuicio y me voy a épocas desconocidas de tiempos pasados. La extrema lujuria y cortesía de aquellos tiempos reforzaba las pasiones expresadas en la más pura poesía de los sentimientos más reprimidos. Aquellos tiempos donde el cortejo y el coqueteo tenían sentido. Y ahora ya nadie te dice, ¿me concede este baile?

Uhm... pero también estaba el mundo misógino que rodeaba a toda mujer, sobre todo a las de alta alcurnia, y la obligación de un casamiento sin amor solo por conseguir los bienes familiares. El ser humano no sabe lo que quiere ni como compaginar los sentimientos con la razón. De ahí que repita la misma frase que dice Juan Antonio (Javier Bardem) en Vicky Cristina Barcelona: "Después de miles de años de civilización, aún no hemos aprendido a amar".

Los verdaderos poetas que tienen las respuestas sobre los sentimientos que temen aflorar libremente, se hayan escondidos en los lugares donde el razonamiento y la ética humana no pueden entrar. Es terreno bendecido e inmaculado.

Fíjate, al final la inspiración no me ha abandonado. Maldita...