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jueves, 29 de enero de 2009

Imbécil



Un día horrible, de los más horribles. Por la mañana me han echado del trabajo, la crisis, es algo que a cualquier becario en prácticas o currante sin contrato fijo le pasa en esta época de mierda. Más tarde me he torcillo el tobillo y he roto el tacón de uno de mis zapatos favoritos, mala pata, eran muy caros y muy bonitos, ideales para causar buena impresión en las entrevistas de trabajo. Pero, ahí no está lo peor de mi día, la soledad sigue acechándome en cada esquina y el diablo me espera en el Infierno. No he tratado bien a mi vida y me esperan largas sendas en el purgatorio, vagando entre los inmortales. Sola en la cama, pienso en ti, es mi único alivio, pero he de volver como loca a buscarme la vida, a ganarme el pan, a ser alguien, a vivir independiente sin depender de nada ni de nadie.

Pero el horror de la soledad me acecha, el sentimiento melancólico me reconcome, siento que todo está perdido. La gente pasa por mi lado pero siento que solo existo yo y nadie más, que todos están pendientes de sí, y que nadie es capaz de prestarme una mano para ayudarme, para salir del pozo sin fondo en el que me siento ahogada, perdida, huraña, soñadora y herida.

Aún así, cuando más perdida estás, cuanto más echas de menos ese sentimiento, las esperanzas no me abandonan. Llego como cada noche a casa, con la ilusión de volver a verte. Pero no sucede y lloro lágrimas secas de desesperanza.

Una vez perdidas las ilusiones, olvidando las largas esperas de un destino más fortuito vuelvo a casa como cada noche, pesadumbrada en mis cosas, reticente en mi soledad. Cuando voy a cruzar la esquina que me lleva a la puerta de entrada diviso un coche que me es familiar, camino hasta las escaleras que concurren al portal y ahí estás, bajo una capa de lluvia y viento que asustaría al más feroz de los héroes clásicos. Pero ahí permaneces sonriente para mí, sin ni siquiera pensar por algún momento que estarías allí. Sin embargo, ahí estás, solo para mí. No puedo contener la emoción de mis lágrimas y abrazarte, porque es lo que más deseo. Rescátame. Líbrame. Necesito apoyarme, cada vez me tambaleo más. Pero tú me sujetas con tus manos de dulce algodón, que hacen descansar mi alma solitaria y austera. Tú. Tú. Tú. Te deseo y estás allí, te predico en mis sueños y allí apareces como el Espíritu Santo. Eres mi Pentecostés que me das sabiduría y confianza para seguir creyendo. Me has rescatado de mi pozo sin fondo. Solo puedo abrazarte y que sientas mi calor agradecido. Sube conmigo, hagamos el amor y seamos uno y podré alcanzar la felicidad que todos anhelan en un instante efímero, desafiante del tiempo y el espacio de esta dimensión conocida.

No sabes cuanto deseé verte en mi puerta esperándome para abrazarme, sin apenas haber cruzado dos palabras y que me soltaras un "no sé por qué, pero tenía que venir". Gracias.




Sin embargo esto solo ocurre en las películas y más comunmente en mis sueños. Estas cosas nunca se hacen realidad. Así es la vida. No obstante, siempre es bonito saber que si el ser humano ha sabido mostrar estas sensaciones, estas escenas que ya se alzan como cotidianas, es que cualquiera lo desea tanto como yo, como yo y millones de personas más.


Y deseo tantas cosas...

viernes, 23 de enero de 2009

Duelo de almas



Mira, chaval, hasta aquí hemos llegado. Lo siento por ti, pero mi paciencia tiene un límite. Ha llegado tu final.

Sabes que he luchado por sacarte adelante, he peleado para que alces tus manos y te agarres a mí, ahogándome con tu tristeza que yo podría haber convertido en dulces recuerdos. Cuando sudo por el esfuerzo que me provoca salvarte de tu oscuridad brotan de mis poros la sangre violácea de mis venas quemadas por el insomnio. Pero ya no aguanto más, tu negación da paso ahora al sendero del purgatorio. Caes del Cielo de las almas luchadoras como Lucifer del reino de la Luz. Satanás, que siempre ansió volver al Paraiso que perdió.

¿Sabes por qué sé que soy capaz de vencerte en este duelo de almas, de espíritus desbocados? Porque sé que la vida no es para desgastarla, porque comprendo a mis instintos y le doy a mi piel todo lo que pide y, cuando pierdo, sé aceptarlo con una sonrisa vengativa que endulza todo mi ser. Y volveré a intentar sobrevivir una y otra vez, porque sólo se vive una vez. Tú no has sabido comprender eso y sientes que has perdido del todo, tu desolación acabará antes que yo contigo, pero eso no puedo permitirlo. ¿Por qué? No hay mayor satisfacción que acabar con los cuerpos sin alma y honrar a los que luchan por una razón mejor, por los sueños, los deseoos y las ilusiones.

Por eso, mereces morir, tu espíritu ha volado, ha quedado errante en lo desconocido...









BANG!

La vida solo puede entenderse yendo hacia atrás



Auguro una bonita sensación que me provocará esta película que se estrena el día 6 de febrero. Seguramente ocupará el mismo puesto de Across the Universe, Moulin Rouge o Amelié.

Es genial cuando la fantasía, el amor y la crudeza del tiempo, el espacio y la realidad en sí se mezclan para formar ARTE.



¿Cómo tiene que ser morir para luego nacer? Me recuerda mucho al cuento de Alejo Carpentier en el Viaje a la semilla (que recomiendo)


*Adoro tener algo de tiempo para pasar toda la noche leyendo. Me voy con las brujas de Aunque seamos malditas ^^.

Oiasuminasai lunáticos del tiempo

martes, 20 de enero de 2009

Secretos



"Siempre he sabido que hay cosas que no se pueden contar a nadie. Cosas secretas. Ocultas. Siempre he sabido que los deseos pueden hacerse realidad si se piensan de un cierto modo, suavemente, con ingeniosidad. Imaginas en tu interior las cosas que quieres. Como si las vieras en el fondo de un pozo.

Y siempre he sabido que nadie debe saberlo, nadie debe oírlo, porque pueden pensar que estás loca o que quieres llamar la atención; sin embargo, a veces quisieras ayudarlos, explicarles cómo son las cosas, para que la vida no sea tan larga y tan difícil.

Y lo intentas y, en el mismo momento en el que lo intentas, sabes que has vuelto a equivocarte".



Aunque seamos malditas - Eugenia Rico

domingo, 18 de enero de 2009

Pequeñita como un gorrión



Así me siento yo, pequeñita. No es que me sienta insignificante ni nada por el estilo, todo el mundo está aquí por alguna razón. Pero me siento como una niña enana, inocente y juguetona. Pero he sido así toda mi vida, a pesar de aparentar ser una mujer madura y responsable, siempre he andado con la infancia a mi lado. Ya es hora de pensar en el futuro y dejar de soñar despierta. De renacuaja me imaginaba surcando el espacio estelar. Sí... como muchos otros niños quería ser astronauta, cosa que no pudo ser por mi negación a las matemáticas, las odio a muerte. Luego quise ser diseñadora de moda porque me enfrascaba con los lápices de colores y mis millones de libretas a dibujar sin parar. Adoraba los vestidos, la belleza femenina, los ojos rasgados con mirada inquietante. Los adoraba y los adoro, pero ya no puedo seguir los pasos de una gran diseñadora de moda. Eso de estudiar patrones no era lo mío. Así que, en 1º de bachiller me dio la vena de ser periodista para poder viajar lejos, conocer tantas culturas, tantos lenguajes distintos y tantas personas nuevas que las ansias me mataban. Eso no ha cambiado, sigo deseando salir de aquí, sentir otro viento golpeándome la piel, otro mar distinto al Mediterráneo que me vio nacer, aprendiendo el lenguaje universal del ser humano; escuchar, comprender, expresar... en fin, comunicar. Eso quería, comunicar.

Pero, cuando creces las cosas son distintas a tus deseos. Este año, si no pasa nada, termino mi carrera de periodista y, ¿para qué? No lo sé, pero mi destino ahora no es viajar, ni conocer nada nuevo. Mi destino es trabajar como una burra para ganarme los cuartos y poder conseguir un puesto decente. Tengo casi 22 años y siento que he desaprovechado mucho el tiempo en vaguear, en buscar cosas que eran inalcanzables por un simple capricho y he desperdiciado tanto dinero en trapitos que me siento culpable. Pero, como dice Edith Piaf en esta preciosa canción, no me arrepiento de nada, ni de haber desperdiciado el tiempo, gastado miles de euros en ropa y zapatos estos 4 años y menos, de lo que a mi vida sentimental se refiere. He de reconocer que me siento bien a pesar de que me dé pavor el futuro. Julio está a la vuelta de la esquina. No puedo volver a mis orígenes, a mi tierra, porque no me lo pide el alma.

Odio las frases "ya llegará" o "todo llega para aquellos que saben esperar", porque son mentira podrida. O te mueves o no pasará nunca nada en todos los terrenos que depara la vida. Algún día creceré y mi orgullo dejará de ser un problema. Me esperan muchas ilusiones, palos, alegrías y llantos a partir de ahora.

Tengo que dejar de ser una niña. No puedo seguir siendo un pequeño gorrión que no es capaz de volar del nido.

Siento la parrafada sobre mí, supongo que alguien lo leerá, si no... me he quedado agusto XD

¡Ja ne individuos de la Tierra!

sábado, 10 de enero de 2009

Polvo estelar






"Y llegó una criatura que era capaz de reflexionar sobre su origen y el sendero por el cual había surgido desde la materia estelar. Se llamó a sí mismo humano y ansió regresar a las estrellas"


Carl Sagan

viernes, 2 de enero de 2009

Días naranjas





¡Hola! o, mejor dicho Konnichiwa!! Hoy estoy algo contenta y no es porque sea primeros de año, cosa que me da lo mismo. Primero porque la entrada de año no ha sido demasiado buena y, segundo, porque estas Navidades están siendo algo deprimentes, pero debería aprender ya... que no soy una niña y las Navidades ya no son como antes. A lo que iba, ¿por qué ando contenta? Me pasa siempre que me topo con algo que me atrae desde el principio y me engancha, como el chocolate, los parques de atracciones o los zapatos de tacón. Esta vez, le ha tocado de nuevo el turno a un serie. En esta ocasión es un dorama titulado Orange days. La historia es sumamente preciosa, ya que no es tan empalagosa como un shoujo manga ni tan fría como se espera de una serie de personajes reales japonesa, pues es difícil verles hacer algo con personas reales que transmita tanto sentimiento. En definitiva, una serie de las mías. Con su puntito :P

Orange days discurre en Tokio. Kai-kun quiere encontrar un trabajo para hacer algo con su vida, pues está en el último curso de la Universidad y necesita encontrar algo con lo que ocupar su tiempo, madurar y esas cosas. Pero conoce a la "princesa" Sae, una chica que toca el violín y el piano de forma bellísima, pero que es sorda desde hace poco tiempo por lo que la reprime y siente miedo de todo y todos. Junto a ellos está la mejor amiga de Sae, Akane y los amigos de Kai-kun, Shohei y Keita, además de la novia de Kei, Maho. Todo esto ocurre en ese último año de Universidad, donde surge la Sociedad Orange y, por tanto, los grandes recuerdos de juventud que siempre se retienen en la memoria. Quizá no es comprensible que esté feliz por esta serie, pero adoro sentirme identificada con los personajes, que la trama me llene por completo y... ante todo... añorar mi esperado Japón, reconocer barrios e incluso ¡restaurantes! Juro que casi se me saltan las lágrimas al ver esas máquinas exprendedoras de cerveza Asahi y el tabaco rubio de allí. Y sus paisajes, sus lluvias torrenciales compaginadas con un sol deslumbrante. Inclsuo me llega su olor inconfundible a soja por todos sitios, imprescindible en Japón. El metro, la voz de la chica japonesa anunciando todas las paradas...

Ante todo, me conmueve la historia de los sentimientos que sólo los japoneses saben transmitir de vez en cuando. Sonrisas, gestos y, esos pequeños detalles que se muestran de manera envidiable, típicos de la sociedad nipona.

¡Ah! ¡Cómo me gustaría volver! Y, esta vez, disfrutar todo lo que no pude y acariciar con todos mis sentidos el gran Japón imperial y a los ancestros que allí habitan.

Mientras tanto, sigo aprovechando mis días de campos de fresas para siempre :D

Ja ne!