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domingo, 29 de marzo de 2009

Una diosa de ojos rasgados


Quiero presentaros, para quien no la conozca, a una de mis predilecciones a la hora de escoger mis listas de música: la compositora japonesa Yoko Kanno. La conocí gracias a mi anime favorito, Cowboy Bebop, cuya B.S.O está elaborada íntegramente por Yoko Kanno y el grupo japonés The Seatbelts.

Desde sus comienzos con Macross Plus hasta Cowboy Bebop, apenas se conocía a la joven Kanno, hasta que inició su andadura hacia el estrellato con esta última. Luego llegó Wolf's Rain, Escflowne y muchos más. Siempre ligada al blues y el jazz, con matices de rock y un toque muy pero que muy personal Yoko Kanno ha logrado entrar en el terreno casi inexorable al que pertencen todas las canciones que tienen sentido para mí.

Ejemlos de temas tan dispares como Adieu, Blue, The Real Folk Blues, Voices, Strangers, Gotta knock a little harder... Cada una con una emoción contenida dentro de ella, creada con las mágicas manos de esta nipona autodidacta.

La grandiosa Yoko es capaz de componer temas de rock compaginados con jazz, el pop más auténtico se resbala hacia la electrónica... incluso la ópera o el canto gregoriano tienen lugar en algunos de sus temas. Es única, polifacética, versátil, envolvente, increíble. Es un honor escuchar sus temas y aún sueño con poder ir a alguno de sus conciertos. Algún día nos veremos las caras, Yoko.

Os dejo dos vídeos:

Éste es de un concierto de Yoko con los Seatbelts interpretando el tema que aparece en el ending principal de la serie Cowboy Bebop: The Real Folk Blues:



Y éste es Call Me, Call Me, compuesta por Yoko y cantada por Steve Conte. Las imágenes son de mi anime favorito ^^, los grandes viajeros del espacio:



See you space cowboy!

Otra canción para otra noche


Sé que tengo obsesión por los buenos temas en momentos oportunos, pero es cierto que mi estado de ánimo se nutre más si le acompaña una sinfonía acorde a él.
Resulta que estoy resfriándome, una putada para cuando tienes que estar espabilada para realizar millones de trabajos para la facultad y así, librarte de tareas que hacer durante la Semana Santa. A pesar de estar asqueada, porque, sinceramente, me apetecía mucho salir, no me importa quedarme los sábados por la noche en casa. Y, a pesar de eso, de estar resfriada aliviando mis cuerdas vocales con Frenadol Hot Lemon, de tener millones de cosas que hacer, necesito hablar con alguien. Pero no un alguien normal, sino un alguien extraño, que se adapte a mis emociones en estas noches sin alcohol, ni tabaco, ni música que reviente los tímpanos.

Es curioso como el ser humano necesita a otro ser humano. Afirmamos -reiteradamente- que estamos bien solos creyéndonos los más neoliberales del mundo actual. Mierda para todos. Somos seres débiles y sociales, por mucho que nos joda. La soledad es necesaria, aunque el concepto "soledad" para el ser humano nunca implica a una persona sola, sino a una paz interior, única y envolvente que puede manifestarse en una pareja, un grupo de amigos, con la familia.

Os pongo un ejemplo: imaginaos en silencio con una persona especial, tirados en la orilla de la playa a principios de verano mirando las estrellas. ¿Qué preferís estar solos o en soledad con alguien más?

Pensadlo bien y dejad de ser unos cínicos sin escrúpulos. Puta sociedad hipócrita...

sábado, 21 de marzo de 2009

Quiero que sepas una cosa...

...hay una canción que dice:

NO HAY NADA QUE PUEDAS HACER QUE NO PUEDA HACERSE
NADA QUE PUEDAS CANTAR QUE NO PUEDA CANTARSE
NADA QUE PUEDAS DECIR PERO PUEDES APRENDER A JUGAR
ES FÁCIL

NADA QUE PUEDAS HACER QUE NO PUEDA HACERSE
NADIE A QUIEN PUEDAS SALVAR QUE NO PUEDA SALVARSE
NADA QUE PUEDAS HACER PERO PODRÁS APRENDER CON EL TIEMPO
ES FÁCIL

NO HAY NADA QUE PUEDAS SABER QUE NO SE SEPA
NADA QUE PUEDAS VER QUE NO SE HAYA VISTO
NINGÚN LUGAR A DÓNDE PUEDAS ESTAR QUE NO SEA DONDE TENÍAS QUE ESTAR
ES FÁCIL

Sólo necesitas una cosa y sabes perfectamente cuál es

Alegoría de Invierno



Estos días vuelve a hacer frío. Hasta hace unas escasas semanas atrás se notaba el calor primaveral que nos envolvía con un Sol deslumbrante y una tenue brisa. Pero la verdadera primavera ha llegado. La brisa que te cala hasta los huesos entra en nuestra meteorología con el equinoccio, juntos de la mano, inseparables. Tengo la ventana abierta, a mi lado, viendo a la gente pasar y estoy tiritando de frío. Voy en manga corta y tengo el pelo alborotado, pero me gusta sentirme así. Es agradable notar como la brisa te roza y te da caricias de ánimo, pues a veces creo que la primavera no ha llegado para mí y el frío es sólo una invención de mi cerebro que lo transmite a mis miles de terminaciones nerviosas.

Anoche soñé con el Invierno. Es una mujer realmente hermosa que me decía adiós con lágrimas de rocío. La logré divisar al otro extremo de un lago verde. Yo quería estar con ella, pero el hielo de la superficie del lago era muy frágil y con un paso en falso podría caer al agua que se clavaría como sables en mi piel. Pero con el viento me llegaba su frágil voz en susurros.

No os voy a decir qué me dijo exactamente, pero si es cierto que me entristeció. Pero tiene razón. Supongo que es estúpido seguir esperando al mismo Invierno día tras día sola, cautiva de toda razón, ausente de todo lo que hay a mi alrededor. No hay Inviernos iguales. "Levántate, echa a andar y no vuelvas la vista atrás". Es lo único que puedo sacaros en claro de las sabias palabras de una diosa.

Hice caso, intenté levantarme.

No pude.


Volvió a llorar pero, esta vez, con un gesto de resignación y desilusión. Le miré con insistencia rogándole compasión. Pero ella si echó a andar y no volvió a mirar atrás.

Sé que no volverá y que he perdido la batalla.

Aún así, sigo aquí sentada. Congelada.

martes, 10 de marzo de 2009

Cuarentena



Las 4 de la mañana de un estúpido sábado cualquiera. Oigo las risas de los vecinos a lo lejos, noto las vibraciones de la música que atraviesan mi piel para seguir el ritmo de mi corazón, distingo risas, gritos, besos con lengua, gente que folla sin cesar. Intento componer melodías de silencio pero la muchedumbre que inunda mi terreno no me lo permite. Quiero que los inquilinos que viven a la izquierda dejen de cantar vítores porque su equipo de fútbol ha ganado la liga, deseo que se corra de una vez la pareja que lleva tres polvos de mi derecha, que deje de retumbar esa estúpida sintonía de bacalao que me revienta los oídos desde la planta de arriba y que dejen de andar en el techo los acróbatas borrachos de la planta inferior. Por favor, dejádme en paz en mi zulo, en la hoguera de las penintencias a la que llamo techo, casa, hogar. No hay paz, no encuentro el lugar idóneo que me reconforte. ¡Callaos imbéciles! ¡Sois todos una panda de idiotas sin sentido común! Ahora mismo, en este mismo instante, necesito estar sola conmigo y sin mí.



Despierto. Las 10 de la mañana del domingo. Silencio. Por fin... Levántate, restriégate los ojos hinchados de una mala noche y pesadillas irreversibles. Arrastra los pies hasta el baño y refresca esa cara podrida con el líquido elemento.
Necesito un café.

Silencio.

Persianas echadas, cortinas cerradas. Oscuridad. Interruptor. Luz.

Antes de abrir la puerta de la cocina para atragantarme con café sin azúcar y pastas caducadas, me paro, frunzo el ceño y agudizo el oído. Silencio. ¿Paz?
Abro la puerta. Persianas bajadas, cortinas echadas. Café. Cigarrillos. No quiero comer.

Pasan las horas, tirada en la cama sin hacer nada, sin pensar en nada, sin que me duela nada. Ni un ruido. Empiezo a replantearme si me he llegado a quedado sorda de todo el estruendo montado anoche tras los lados de mi cubilátero.

En la duermevela de mi desasosiego recuerdo aquella sintonía que me traslada instantáneamente al día que nos conocimos. La comisura de mis labios consigue torcerse hacia la izquierda superior. ¡BASTA YA!

Me levanto de un salto de la cama lista para comprar deliciosas verduras para preparar una ensalada. Necesito volver a sentirme sana, viva, alegre y feliz.

Son las una del medio día, no se oye ni el zumbido que provocan las alas de los mosquitos que devoran mi piel por las noches. Decido abrir las cortinas, subir las persianas. Ver gente correr, reir, llorar y aprender a levantarse de sus caídas.

LUZ

Tal intensidad me ciega, corro a la cocina a realizar el mismo proceso. LUZ.

Cuando mis ojos se adaptan a la intensidad lumínica no puedo creer lo que veo. No es posible.

Necesito salir de aquí.

Abre la puerta, ¡SAL DE AQUÍ!

Agarro el pomo con decisión, tiro con fuerza hacia mí...

NADA


NADA



Sombras


NADA