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sábado, 31 de octubre de 2009

Paraíso



Hay un paraíso distinto para cada religión pero a todos se accede sin haber cometido pecado alguno, o habiéndolos expiado. Lo que no queda claro es cuando mancillas tu propia alma a base de buenos sentimientos, gratificantes sensaciones y violentas ilusiones. ¿Eres apropiado para entrar al paraíso?

Al final de una vida, sea larga o corta, has llegado a lo más alto y has tocado fondo. Cuando sigues a la luz del túnel te encuentras en paz contigo mismo. Trecho de oportunidades hacia una nueva vida inclasificable y desconocida.

Yo llegué tan alto y caí tan bajo que no sé hacia dónde me dirijo. Alzo las manos al cielo pero no oigo la voz de los ángeles. Escarbo en la tierra y no percibo los latidos de Lucifer y su séquito de demonios. ¿Hacia dónde voy? Estoy perdida...

No sé cuál es mi paraíso, tampoco me importa. Aunque el tuyo no sea para mí, aunque acabe destrozando mi alma y desgarrando mis recuerdos sólo necesito seguirte. Es lo único que sé.

I've been so high
I've been so down
Up to the skies
Down to the ground

I can't remember when I was young
Into your eyes my face remains
I swear

I just want this...

viernes, 23 de octubre de 2009

Kafka en la orilla del mar





Acabo de terminar un libro de Murakami: Kafka en la orilla. Como de costumbre deja al lector que divague con el final y ate los cabos que faltan. Este título me ha enganchado de tal manera que ha sido la primera vez que me he leído más de 700 páginas en menos de una semana (y casi todo el tiempo ha sido en el tren: 30 minutos para ir a Barcelona, otros 30 para volver a Rubí...)

No hay que decir que queda recomendadísimo.

Todos los personajes son adorables. Cada uno de ellos descifra pieza a pieza el pensamiento. La metafísica obtiene el primer premio en esta novela, te invita a reflexionar, a soñar, a divagar... Murakami, como siempre, me deja fascinada... Uno de los personajes, Nakata, te ahoga en una abismo de dulzura y vacío. Cuando lees sobre el personaje te asaltan sentimientos de todo tipo: pena, alegría, cariño, lástima... Pero es el eje de la historia, es el vacío retórico que lo llena todo.

Me gustaría escuchar "Kafka en la orilla del mar" e introducirme en esos dos acordes sacados de otro mundo.

Regalo una de las frases del libro:

- Cuando nos enamoramos, todos buscamos en la persona amada una parte de nosotros que nos falta. Por eso, al pensar en esa persona, siempre nos ponemos en mayor o menor medida tristes. Nos sentimos como si volviéramos a pisar una habitación añorada que habíamos perdido hace muchísimo tiempo. Es natural. Esa sensación no la has descubierto tú. Así que mejor no intentes patentarla.
Dejo el tenedor y alzo la mirada.
-¿Una vieja habitación añorada que está lejos?
-Exacto -dice Ôshima. Y levanta el tenedor en el aire-. Es una metáfora, claro.


Quien lea el libro, sabrá la importancia de este fragmento.

Otra de Murakami, por favor :)

sábado, 17 de octubre de 2009

Barcelona



La vida no cambia en absoluto porque cambies de ciudad. Cambias tú y eso afecta a tu vida. Ves las caras de la gente que te rodea y sus expresiones no se han movido, siguen intactas, porque su vida sigue recorriendo el mismo camino día tras día. La ciudad es la que se transforma y tú debes adaptarte a ella. Eso me pasa a mí.

No puedo definirme porque no sé quien soy, pero puedo decir que aquí me siento bien. Las transformaciones de esta ciudad me apasionan. Mirar aquí a la gente e imaginarte sus vidas es terriblemente fácil. La chica de aspecto lánguido pero de mirada firme sostiene con fuerza un libro de ciencia ficción llamado "Encuentros en ninguna fase". El hombre maduro de chaqueta apenas puede sostener su maletín, pero le da igual, acaba de ocurrirle algo genial. Seguramente haya conseguido una cita con la recepcionista de un hotel que tanto le gusta después de tanto tiempo solo... Y la niña vestida de uniforme que se queda ensimismada viendo el paisaje que se presenta solemne en las ventanillas del tren. Apuesto a que ha visto esa estampa miles de veces, una yendo al cole, otra volviendo, pero su expresión y fascinación no se han modificado en absoluto.

Me imagino qué pensará de mí la gente al verme. ¿Seré la chica de ojos tristes y mirada perdida que no deja de escuchar a los Beatles? Saben que los escucho, porque quiero que oigan las letras de "A day in the life" o de "While my guitar gently weeps".

El frío... hoy he notado como me ha acuchillado por los pies y ha reptado por mi piel hasta hacerme temblar. Me ha calado los huesos y, aunque parezca una paradoja, ha encendido mi cuerpo y me he sentido viva. Esta temperatura es distinta, no la conozco del todo, pero me gusta, me siento en sintonía con el ambiente.

Cuando paseas sola entre tanta gente entiendes que es el silencio. No el silencio sepulcral, donde sólo reinan los ultrasonidos e infrasonidos que nuestro oído no puede percibir. Me refiero al silencio de las palabras con sentido. No hay frase coherente, solo ruido. Pero es un ruido acogedor.

Sin embargo, no consigo estar cómoda del todo. Cuando me acuerdo de ciertas cosas miro al cielo y no veo nada. Ni siquiera es negro... ni azul, no tiene un tono reconfortante. No hay estrellas. En Barcelona no puedo ver las estrellas. Y eso... me pone muy triste.

Es de lo único que necesito escapar. Quiero abrir los ojos al cielo nocturno una vez más y decir: "Aquí estoy yo, ya sé quién soy"