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domingo, 21 de febrero de 2010

Moon

(siento poner este formato de vídeo pero no he encontrado la canción en otro sitio y goear no me dejaba subirla)

Por culpa de las lluvias vivo días sin Luna y sin ella la creatividad se absorve en si misma y desaparece. Yo lo noto. Noto no poder verla y alumbrar las noches que anuncian vísperas de primavera. Añoro mirar al cielo y verla sonreir, pícara y temerosa de que su cara oculta sea descubierta. Es el astro que me introduce de lleno en un estado hipnótico elevando mi alma a miles y miles de kilómetros de donde pertenezco. Me encanta esa sensación. Deseo escuchar a la Luna y rozarla a través de un plano inexistente al ojo humano. Si elevais los dedos en una noche clara de Luna llena, ella os responderá con una tenue y casi imperceptible caricia que os avisa de que está ahí, que sigue siendo la hija de Gea.

Todos esto viene a que acabo de ver la película que ganó el festival de Sitges este año pasado. Se trata de Moon. He temblado al comprobar la soledad interpretada por casi un único actor durante toda la película. Aunque la Luna es solo la base de toda la historia ella es, en realidad, quien consigue atraparte y, sin ninguna duda, el gran trabajo de Clint Mansell con la Banda Sonora (tenéis mi favorita arriba).

Quiero que deje de llover, que el cielo se aclare y deje entrever la luz plateada que resguarda a los perdidos y complace a las damas sin hombre.

La Luna es la única que nunca se aleja de nuestro lado, que gira a nuestro alrededor sin descanso hasta el día en que todo lo que creemos que existe muera.

martes, 9 de febrero de 2010

Caótica AYA


Se apagan las luces, el silencio reina y la oscuridad prospera. Es entonces cuando puedes atrapar a Aya y cuestionarte de dónde viene y por qué está aquí.

Escuchar al frío es lo que más le gusta. Se casa con la noche y el viento en una ceremonia de estrellas fugaces invisbles al ojo humano. Aya no vive en este mundo ni tampoco en el más allá porque ella está en todas partes y no lo está. Sin embargo, acompaña a las almas errantes y a los que sueñan con ilusiones rotas.
Puedes verla mientras hueles a café recién hecho, cuando te fijas en la primera hoja marchita que cae a principios de otoño, cuando presientes la espuma de la ola que vuelves a ver cuando te reencuentras con el mar. Ahí está cuando te tumbas a escuchar el corazón de un ser querido, vuelve cuando lágrimas de orgullo no son capaces de deslizarse por tus mejillas, cuando tu oído se excita con una melodía llena de recuerdos. Te avisa de que existe haciéndote un rasguño en tu mejilla con una uña que se acaba de partir, te cala los huesos con el duro aire invernal y te hace sentir que desfalleces con el calor más árido que has podido notar jamás. Hace que veas en la oscuridad de tus pesares y te hundas cuando crees que gozas de felicidad.

Por mucho que lo intentes nunca podrás atrapar a Aya. Confórmate pudiéndola tocar, oler, ver, escuchar, saborear y sentir.
Sólo si consigues habitar en un lugar sin luz, sin ruido y sin vida podrás encontrarte con el cuerpo de Aya mientras su alma recoge cada recuerdo del mundo.

Esto es una declaración de intenciones. No soy AYA, pero eso no quita que quiera convertirme en ella.