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sábado, 17 de julio de 2010

La mar



Estoy harta de caminar sin rumbo. Decidí salir de casa con la única excusa de despejarme debido a los últimos acontecimientos acaecidos estos días. Cuando no deberías quejarte piensas que todo lo que te rodea es un asco.

La Luna está menguando, sin embargo, su tenue luz de invierno me atrae hacia la mar. Apenas hay nadie en el paseo marítimo, realmente es tarde y hace mucho frío. Pero a mí me gusta el frío. Adoro que penetre bajo mi piel y acuchille mis entrañas. Me hace sentir viva.

Me quito las botas, corro por la arena hasta llegar a la orilla. Los pequeños minerales y piedrecitas están helados, húmedos por la cercanía del mar. Me paro delante de él o de ella. Siempre he creído que la mar es una mujer, una Diosa abandonada por el Cielo. Suplicante le pide compañía. El Cielo se muestra altivo y pendenciero. Está enfadado porque la mar decidió mostrar su rostro a los seres vivos en vez de esconderse en lo invisible. Quería ser tocada por manos calurosas y llenas de deseos. Con estos pensamientos me acerco a tocarla. Helada. Templada. Caliente. Ella me ha respondido. Ahora estamos a la misma temperatura. Me dejo llevar por la pasión de la mar y ahogarme en mis pensamientos.

Charles, ¿te acuerdas? Tú me contabas esta historia de desamor entre el Cielo y la Mar. Tú me cantabas sabrosas melodías de verano al oído mientras acariciábamos la arena aún caliente por el Sol de la tarde. Tú me enseñaste a escuchar las olas y a predecir las mareas. Tú me aconsejaste que era mejor volar con los ojos cerrados. Me mostraste la plenitud de reír a carcajada limpia. Me enseñaste a confiar en mí. Me enseñaste a sentir. Me enseñaste a amar.
Nunca nos besamos, nunca hablamos con las palabras. No hacía falta. Podía llegar a la felicidad estando contigo mirando a la mar. No necesitaba nada más. Me daban ganas de llorar y de darte las gracias sin descanso por brindarme tan grata sensación.
Ahora la tengo mirando a la mar. Poseo la alegría punzante en mi pecho pasando mis manos sobre sus olas. Siguiendo sus sensuales movimientos hacia la orilla en un retorno sin fin. El bucle de comenzar y acabar sin descanso.

El día que desapareciste recuerdo haberme quedado ciega. Ya no sabía a dónde dirigirme. Todo era negro, algunas veces nuboso hasta que, un día, todo se volvió gris. Pude diferenciar los rostros y los paisajes pero todo, absolutamente todo era igual. Un gris de matices grises.
¿Dónde estás? Muchos dicen que te ahogaste en la mar, otros que eras demasiado libre como para seguir en este lugar de almas olvidadas. Quiero creer que fue la primera opción. No quiero ni imaginar que me dejaras aquí abandonada a mi suerte, cuando yo pertenecía a tu vida. Me hubieses roto en mil pedazos.
Pero, ya no sé qué pensar. No consigo distinguir colores. Visito la mar todos los días desde hace 20 años. La vida se me apaga. No me queda ni una lágrima más. Tampoco un ápice de esperanza.

Al principio ella intentaba salvarme. No sabes cómo duele sumergirse en el agua a unos 4 grados. Imagina miles de cuchillos afilados que te atraviesan 50 veces por segundo, sin parar. Con este dolor intentaba hacerme cambiar de idea. Pero mi alma ya estaba muerta, el dolor físico era lo de menos.
Cansada por hacerme recapacitar, prefirió atacar mi sistema respiratorio. Me ahogaba, el dolor en el pecho que subía hasta mi cerebro era mil veces más doloroso que el frío instalado en mis huesos. Y espero que sepas lo que es que te revienten los tímpanos por la presión del agua. A lo mejor imaginas lo que es que te estallen los pulmones porque se hinchan por esta causa. Y lo que significa alcanzar, por fin, una paz eterna bajo la mar.
La mar ahora me acariciaba y me acunaba en su lecho.

Buceando en sus entrañas te buscaba. Debías de estar en este paraíso sumergido. Estaba segura de que habías muerto bajo sus aguas.
Pero nunca te encontré.

Maldito seas…

lunes, 12 de julio de 2010

La estupidez humana


"¡VIVA ESPAÑA!" gritan muchos. Otros cantan: "¡Yo soy español, español, español, españooool!". Si les preguntas solo saben decirte que están orgullosos de ser españoles. España es lo mejor que ha existido y existirá. El orgullo patrio camina satisfecho por la sangre de sus compatriotas. Pero, lamentablemente, no hemos acabado con la crisis económica mundial, ni hemos superado más del 99 por ciento de alfabetismo por primera vez en nuestra historia, tampoco hemos acabado con la pobreza ni el hambre en nuestro país, y mucho menos hemos dado trabajo a los cinco millones de parados que hay en la actualidad y a muchos miles de jóvenes que ruegan entrar en el mundo laboral para poder dejar respirar a sus padres, para que tengan una jubilación feliz. ¡Eh!, pero no, papá, aún te faltan tres años para jubilarte, no cantes victoria.
Ya no se oye nada sobre manifestaciones contra el Tribunal Constitucional en Cataluña por el tema de la reforma del Estatut ni tampoco oigo quejarse a los funcionarios por su rebaja de sueldos en un 5 por ciento.
¿Qué está pasando señores?

Nada, es que España ha ganado el Mundial de 2010.

Y ya por eso nos sentimos españoles. Y ya por eso sacamos la bandera española con su precioso escudo y dibujamos toros por todas partes. Porque estamos orgullosos de que nuestro país haya ganado un puñetero partido. Ya lo demás nos importa un carajo.

Y he aquí la estupidez humana elevada a un partido de fútbol. Hace mes y medio que las noticias no hablan de otra cosa. La gente ahora grita, hace ruido, se vuelve loca... ¡hasta tiene infartos! Oh no.. no quiero ver las noticias mañana, ¿cuántos muertos y heridos? ¿Los hospitales atiborrados de gente ingresada por coma etílico?

Pero, ¡qué más da! Si están orgullosos de ser españoles.


Pues yo me levanto y digo: ¡SOIS TODOS IMBÉCILES! Entiendo que esto haga historia en el deporte, LO ENTIENDO. Entiendo la alegría de millones de personas aficionadas. Entiendo que haya costado conseguir ser los primeros en algo, aunque sea en el deporte. Pero no entiendo vuestra ceguera hacia las cosas que verdaderamente importan, no entiendo que enloquezcais por este motivo cuando tu propio padre puede estar en el paro, preocupado por intentar sobrellevar el asunto y dar de comer a su familia. Entiendo que un día de gloria es merecida para olvidarnos de las penas del mundo. Pero, ya está bien, que llevamos más de un mes ciegos y nadie se da cuenta de que el deporte es política y de que las veces que le has dicho facha a la persona que muestra con orgullo la bandera española son las mismas que te estás llamando hipócrita a ti mismo. Porque ahora sí que la sacas y la pones en tu balcón, ahora ya nadie puede llamarte facha.

Y yo soy española de pura sangre, estoy orgullosa de mi tradición y la historia de este país. Incluso nuestro caracter es envidiado por muchas naciones. Pero me llevo las manos a la cabeza cuando veo cuán estúpido puede llegar a ser el ser humano.

Y ahora, personas que festejan la victoria, me gustaría dormir puesto que... hay gente que mañana ha de ganarse la vida de alguna manera. Y no es celebrando que 11 jugadores se lleven, cada uno, 600.000 euros.

Cuántos problemas quitaría de en medio ese dinero en el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales...